domingo, 28 de diciembre de 2008

a Dos semanas

1.Me quedan dos semanas para despedirme de mis veintes y darle paso a mi cuarta década (suena raro, me hace pensar que voy a cumplir cuarenta años, pero en realidad llegaré a los treinta), quien ya está inmerso en sus treintas me dice que estoy a punto de empezar la mejor década de mi existencia, quien anda por sus medios veintes andan diciendo que ya me voy a hacer ruco y quien anda de los veinte para abajo de plano ya me dice señor. Me parece que es casi inevitable que uno haga su recuentito y su conciencia de lo que ha hecho de su vida cuando términa una época y en mi caso no es la excepción. Me da flojera irme hasta el inicio de mis veintes, porque pues no era yo muy consciente que digamos y la loquera natural de la edad aún estaba a todo lo que da. Sin embargo, analizando este lustro que está a punto de terminar me sorprende la gran cantidad de variadas cosas que he vivido y que me han hecho ser este fulanito que se encuentra escribiendo este blog.

Aclaro la importancia que esto tiene porque apenas hace unas semanas me entró la pre-crisis de los treinta y sentía yo que no había hecho nada con mi vida (eso también es un clásico ¿verdad treinta-ñeros?)

Pa que aburrir a los pocos lectores que tengo enumerando las gracias que este chamacón ha hecho en estos cinco años, nomás que quede sentado en el ciberespacio que he crecido... un chingo... y aprendido... un chingo... y madurado... un poquito...

Ya ando en los preparativos de mis segundos quince años: Quiero una misa en la que la monotonía del sermón del padre y los nervios me provoquen que me desmaye a media comunión y se me vaya el atrio pa delante (digo pa ponerle saborcito a la misa), después quiero que me lleven en una calabaza con ruedas a mi y a mis dígamos unas 10 chambelanas a un salón bien bonito. Quiero que en la fiesta haya un maestro de ceremonias monótono, que pegue tanto su bocota al micrófono que no se le entienda lo que dice (y que lo que se le entienda suene a conductor de programa de concursos); quiero que en la cena haya crema de champiñón, pollo con champiñón, pastel con merengue corriente y bolillos del día anterior cortados en rebanadas; quiero bailar el vals del lago de los cisnes (digo, con eso de que me gustan los patos) y bailar con mi mamá, con mi hermana, con una de mis tías que ya esté borracha y con Carolina si pudiera venir a mi fiesta; dentro de mis bailables quiero bailar una polka (con Sonia y Ana como mis principales chambelanas), el danzón "Nereidas" y la canción que esté de moda dentro de dos semanas con un atuendo donde se me vean las lonjas y que todos los presentes me griten ¡otra! ¡otra!; Quiero que los meseros bailen y canten ¡queremos pastel, pastel! y partir mi pastel mientras el maestro de ceremonias recita un poema chaquetón que obtuvo al enviar un sms con la palabra "Poema" al 1117. Todo esto, quiero que sea videograbado por alguien que se dedicará única y exclusivamente a hacer zooms y paneos durante todo el video. Y una vez terminada la fiesta, volver a repetirlo todo, porque cumplo 30 y son mis dobles quince años.

Quiéranlo o no, si se siente el paso del tiempo, esta semana me fui al super y me compré un tinte (para hombre) y me escondí las canas.

Faltan 2 semanas exactas para cumplir 30 años. El mundo es una farsa melodramática.

Feliz cumpleaños guayaba rosa, dondequiera que te encuentres.

A todos los pendejos, feliz día de los inocentes.



El Ale

lunes, 1 de diciembre de 2008

DE RATONES, RATEROS Y DECEMBRINOS...

I. Ayer me tocó asalto en el microbús. Ya tenía un rato que no me asaltaban (eso no implica que estoy diciendo que ya me tocaba) tuve que sacrificar mi reproductor mp3. Lo que me parece una farsa melodramática es que aún haya asaltantes que se suban al microbús a quitarle a la gente lo poquito que se gana uno sobándose el lomo; Digo, no creo que alguna de las personas que viajamos en microbús lo hagamos por comodidad, es bastant claro que si viajamos en microbús y no en taxi y no en coche es porque estamos igual o más jodidos que los que se suben a asaltar. ¿Se habrá imaginado el ratero que el dinero que le quitó al chofer del microbús era para su patrón? ¿Se habrá imaginado el ratero que a mi nadie me regaló el mp3 player y que trabajé durante todo un mes para poder pagarlo? ¿Se habrá imaginado el ratero que los $100 que traía en la bolsa era él único dinero que traía hasta que me pagaran la próxima vez? Supongo que no. Al menos el ratero tenía pistola y no se cuánto cuesten, pero supongo que le habrá costado sus centavos.
Claro que me quejo, pero tampoco me gustaría la idea que el ratero se dedicara a asaltar a gente en sus coches, porque ellos también se ganan su dinero... y después de quejarme porque los pobres le roban a los pobres, recordé que los ricos también le roban a los ricos, que los ricos le roban a los pobres y que los pobres también le roban a los ricos.
Chale... el mundo es una farsa melodramática.

II. Hoy, en domingo, a las 9 de la noche la ciudad estaba desquiciada. Ya empezó diciembre y con esto el "espítiru" navideño que todos llevamos dentro, nos dan ganas de gastar a lo loco, de estar en las calles hasta muy noche y con esto, la prisa de llegar a nuestras casas y con esto, las ganas de mentarle la madre a los demás porque el tráfico no avanza. Uno sabe que ya es época navideña por las lucesitas de colores y por los cuernos de reno en los coches. Hoy se les ocurrió cerrar Reforma por los eventos de la súper caravana coca-cola, a esto súmenle las obras que están realizando en el circuito interior y en el eje central y calculen el caos vial que se provocó, a esto súmenle el estrés acumulado y tendrán más o menos la cantidad de mentadas de madre y de claxonazos que se dejaron escuchar cuando uno quería simplemente atravesar la ciudad. Es fársico y melodramático contemplar a un fulano en camioneta con cuernitos de reno mentando madres y tapando vialidades simplemente por no querer esperarse a la siguiente luz verde. ¡Eso es "espítiru" navideño!

III. Durante varios años he encontrado muchas maneras de pasar un buen rato en el metro sin tener que echarme una siesta (dormirse en el metro tiene como principal inconveniente que no puedes dormir pq cada estación se sube algún vendedor con la música a todo volumen para venderte un cd), antes me gustaba escuchar los estilos de voz de los vendedores, ahora ya casi sólo venden cds y bueno, como ya me robaron mi mp3 player voy a tener que cambiar de modo de entretenimiento. Todo comienza en la terminal, me paro justo detrás de la línea amarilla a esperar el tren y me pongo a buscar ratones. ¡De veras! Cual vil Hamelin, es impresionante lo hipnótico que puede llegar a ser contemplar las gracias que hacen los ratones entre las vías y no te preocupes si no los encuentras, con un poco de práctica los hallarás, al menos yo los he visto en Tasqueña, en Barranca del muerto, en Universidad, en Politécnico, en Cuatro Caminos, en Rosario y en muchas de sus estaciones intermedias. Acto seguido, una vez que logro entrar al tren (o me entran si hay muchos cansados ávidos de apañar un lugar) me entretengo contemplando cuánta gente cede sus asientos y cuántos no, observando cuantos hombres encueran a ciertas mujeres con la mirada y yo creo que a partir de ahora, dado que la vida es una farsa melodramática, me pondré a contar a la gente que se sube escuchando música con sus audífonos.

El Ale