
Pos que ya se calmó el brote de influenza, de influencia y los mails con teorías y las historias y los cubrebocas adornados y las ventas de pánico y la vida aparentemente ya pronto regresará a su melodramática normalidad. Ya nos amenazaron conque si no nos tocó en esta que no nos preocupemos, que en invierno la influenza regresa pa que nos vayamos preparando y pa que no la extrañemos. Mientras tanto, este blog regresa a sus entradas habituales...
La vida está llena de fronteras. Visibles o invisibles. Unas impuestas por otros y otras impuestas por nosotros mismos. Si me pongo a pensar un poquito (de eso se trata) me encuentro con mis propias fronteras: La frontera que representa abrir una puerta para salir a la calle a lo desconocido o a contraer el virus malvado que resulta que no es tan malvado; la frontera que hay entre el que escribe (yo) y el que lee ésto (tú); la frontera que hay entre comprarme algo que deseo (si no tengo dinero) y mi deseo; la frontera que hay entre dos personas cuando una se siente atraída por la otra o los dos se sienten atraídos pero no lo saben o existe un factor externo (puede ser miedo) que impide que dos personas estén juntas; la frontera que existe entre dos países y los requerimentos para llegar de uno al otro si en el otro está la persona a la que quieres ver; y sin irse tan lejos, las fronteras que yo pongo para no afectarme o salir lastimado o no sentirme inseguro o que no me vean la cara de lo que no soy...
Sin embargo, todas las fronteras (obstáculos) que se presentan entre tú y lo que quieres (o la que quieres, o adonde quieres llegar) tienen una función en tu vida, en mi vida y en la de cualquiera. El pesimista pensará que están ahi para chingarnos la existencia. Habrá quien piense que son pruebas que uno tiene que vencer para obtener lo que quieres. Habrá quien diga que están ahí porque nosotros mismos las pusimos. Mi opinón es, que las fronteras están ahí para recordarnos quiénes somos. Sin ponerles juicios de valor, estar frente a una frontera te pone en una situación "límite" en la que la decisión que tomes (si la cruzas o no) y la forma en la que lo hagas (cómo la cruzas o cómo no la cruzas) te revelará una parte de lo que eres. Comúnmente podría pensarse que el que no la cruza es un cobarde, o el que la cruza es un valiente, yo creo que no hay problema si la cruzas o si no la cruzas, simplemente será una decisión que te llevará a hacer causas diferentes y tendrás efectos diferentes en lo que sigue de tu vida.
Creo que una de las causas por las que alguien no sabe quien es, es precisamente porque siente que "tiene que" cruzar esa frontera para que no lo juzguen o ser mejor, o que "no tiene que" cruzarla para no alterar el orden cósmico y afectar a alguien. Desde hace tiempo he llevado mi vida por el camino del descubrimiento y al ritmo que tiene que ser voy aprendiendo a descubrirme y a abrirme mis caminos y a no "luchar" contra la vida o contra mi mismo. Cada uno sabe lo que quiere hacer y posiblemente lo que tenga que hacer para llegar ahí. Las fronteras son puntos de autoconocimiento. Las fronteras no están ahí para estorbarnos, no tenemos porqué complicarnos la existencia si no queremos complicárnosla. Las fronteras son un punto de encuentro contigo mismo.
Si esta entrada de blog te provocó algo y si te animas a cruzar la frontera entre tú y yo, déjame un comentario.
La frontera es una farsa melodramática
El ALE!
1 comentario:
Ya ni te he ouesto comentarios en tu blog. Lo bueno es que tu si lo tomaste con calma ¡estando allá! me hubieras visto a mí toda paniqueada, jay, ya sabes como soy xD
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