Entre la voz y el silencio están las palabras. Las palabras que deambulan en el pensamiento y patinan felices en el puente que une los dos hemisferios. Si se aburren, se resbalan por detrás de los ojos, se asoman por la nariz y caen sobre la lengua.
Si las palabras son tímidas, permanecen un rato en la punta de la lengua, se paran ahí, temerosas de ser empujadas por la brisa de las cuerdas vocales.
Si las palabras son tercas, salen y regresan, salen y regresan para ser expulsadas por huracanes y cuando el cuerpo se cansa, son empujadas por vientos intermitentes.
Si las palabras son honestas, el aire de las cuerdas se dosifica y dan justo en el centro de la diana.
Si las palabras llegasen a convertirse en mentiras, ya vienen decoloradas desde el pensamiento y dejan una mancha en la lengua al salir.
Si las palabras tienen miedo, nunca saldrán de la comodidad del pensamiento.
Si las palabras tienen prisa, salen tan rápido que no se distinguen y mueren.
Hay otras palabras que no encajan en ninguna categoría. No se dosifican, no se quedan en la lengua ni en el pensamiento. Son esas palabras que son y que juegan y que tienen un significado especial para alguien más y salen en la forma precisa, correcta, que se siente bien y que significan nada para quien no van dirigidas.Esas palabras coquetean con el pensamiento, se bañan en la saliva y le hacen cosquillas a la nariz. Se les puede llamar de alguna forma, pero ni caso tiene clasificarlas.
Una de esas palabras es FUEN.
El Ale!!
El mundo es una farsa melodramática.
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