La primera vez que fui al circo, fue para ver a unos siameses. Esas personas que están pegados en alguna parte de su cuerpo. Estos cuates estaban pegados por sus laterales, dos seres compartiendo dos brazos donde debería haber cuatro, dos piernas donde debería haber cuatro.
La siguiente vez, fue para ver a "King Kong". Un chango súper chafa que movían con unos hilos y las personas que lo movían no les interesaba que los vieran moverlo. Recuerdo también de esa vez, el tipo que se sube a una esfera metálica y camina sin caerse, un chango que le dio un beso a mi hermana mientras se tomaba una foto y una elefanta que según mi mente de 10 años, sonreía cuando yo me le quedaba viendo.
La tercera y última visita al circo ya estaba más grande. Tenía veinte años y estaba en la carrera de actuación. De esa vez recuerdo perfecto a los equilibristas y a los trapecistas. Era una época en la que además de quererme comer al mundo, estaba en la plenitud de mi vida creativa. Fue en esa época cuando decidí irme con mi amigo a jugar a ser mimo a algunas plazas del D.F.
En esa época también, leía muchísimo, veía mucho cine y junto con las estrellas, se alinearon una lectura y una película; fue en esa época cuando leí "Los dos payasos" de César Aira y vi "El lado Oscuro del Corazón 2" de Eliseo Subiela (los dos autores argentinos por cierto).
"Los dos payasos" Trata de una rutina clásica que realizan dos payasos antes de que inicie la función principal en el circo. Durante cerca de 60 páginas, el autor nos describe a detalle y con maestría, la rutina clásica de los payasos que seguramente hemos visto de una manera u otra en el metro, en un circo, en alguna película. Es cuando leo ese libro, que me cacho con interés inconsciente por el clown, que me siento con un deseo enorme de ser un clown.
Podría escribir líneas y líneas sobre "El lado Oscuro del Corazón 2", pero sólo diré que la película tiene unas increíbles metáforas visuales que hablan y comparan al amor con el arte del equilibrismo. Tener equilibrio y dos personas que se encuentran en una línea recta, en un punto intermedio. En el clímax de la película, los protagonistas se suben a la cuerda y se encuentran en el centro. Ella le dice a él un poema breve de Alejandra Pizarnik (Argentina también) que dice: "Recibe este amor que te pido, recibe este amor que hay en mi y que eres tú". Los dos sueltan la barra que les da equilibrio y andan a su encuentro a la mitad de su camino. Se besan y finalmente, Oliverio, el protagonista, encuentra a su mujer voladora.
Unos cuantos años más tarde, mi amigo, el chicuelo Rogelio Flores se convierte en catalizador de mi obsesión por el circo, mostrándome "Santa Sangre" de Jodorowsky (mi primer acercamiento a la obra del que ahora considero mi gurú) y publicando su libro "Adiós Princesa" en el que incluye un cuento con una personaja entrañable: Sagitario.
La vida, el amor, el destino y la causalidad me llevaron a recorrer otros caminos y aparentemente el circo se borró de mi mente. Algunas lunas más tarde sucedió aquí en México, el fenómeno de la "Influenza" que como recordarán, nos llevo a todos a encerrarnos en nuestras casas por miedo a contagiarnos de la fiebre porcina. De hecho, este blog surge más o menos por aquella época. Eran tiempos en los que no había mucho que hacer, sin embargo, fue un tiempo en el que mi creatividad explotó hacia todas direcciones. Me acuerdo perfecto, que estaba chateando con mi manita Ana, cuando le dije que se me antojaba maquillarme otra vez de payaso y hacer videos. El resultado fue este video:
El amor, el circo, los payasos y los poemas se habían confabulado en un solo acto. Y así fue por un tiempo.
Entré a mi trabajo actual en el que el spotlight ya no me tocaba a mi. Era tiempo de tratar de promover todo este descubrimiento que había realizado. Mis alumnos, a lo largo de tres años, son parte en determinado tiempo de lo que es ser un mimo, un payaso y me encanta que lo que ellos entienden de todo esto es que un payaso comete errores, entonces cuando ellos utilizan su nariz de payaso se dan chance de cometer errores.
Hace unos meses, mi hijo postizo me trajo unas narices de payaso de argentina. Y a partir de ese momento he tenido la sensación, más que nunca de ir a Argentina a encontrarme con algo de mi destino. Compré mi monociclo, el cual estoy aprendiendo a domar, tomando en cuenta que ya tengo 32 años (casi 33). El día de hoy compré un libro gigantezco que contiene fotos e historia de actos circenses. Yo creo que no es casualidad. Finalmente, el trabajo del que me siento muy orgulloso y que me ha abierto puertas es el trabajo de lograr que mis alumnos quieran traer puestas sus narices ¿Y el amor? Sé, que en algún momento, llegará esa equilibrista, me encontraré con ella a la mitad del camino, nos recibiremos y volaremos.
Ese es el sentido del circo. Amar, equivocarse, equilibrar....
El mundo es una farsa melodramática.
El Ale!!



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