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A veces dejo las ventanas abiertas para orear el olor a cigarro de Archulandia. El problema es que siempre que lo hago mi casa se convierte en un insectario.
La semana pasada me quedé un rato viendo hacia el techo y vi un mosquito (de esos que te chupan la sangre) que revoloteaba como si quisiera jugar con el foco. Me quedé contemplándolo y alerta por si es que el bicho decidía atacarme. De pronto por la ventana entra otro coleóptero, esta vez de esos que con verlos sabes que de seguro te van a cenar, y volando sin rodeos se acerca al otro mosquito (que en comparación de tamaño estaba mucho más pequeño que el zancudote) y ¡zaz! que se lo echa. Más adelante, el zancudo emprende su vuelo como muy contento de haber mostrado su supremacía contra otro más pequeño y para mi fortuna cósmica, me doy cuenta que el zancudo se queda como estático muy cerca de la pared y del techo, me levanto y me doy cuenta que el zancudo se estaba atrapado en una telaraña que colgaba del techo.
Como no me gustaba como se veía de adorno el zancudo, pues hice lo que el universo me pedía que hiciera, tomé un periódico y seguí con la cadena de supervivencia esperando, que Godzilla no entrara por la ventana y me comiera.
¿Cuántas son las probabilidades de formar parte de un acontecimiento cósmico de esta naturaleza? Fue algo cotidiano, místico, pero especial.
Una semana después, aún nadie me ha comido ni dado un periodicazo.
El mundo es una farsa melodramática.
El Ale!!
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